Que cada uno lo resuelva como pueda

Sólo se vive una vez. Pero, si se hace bien, con una vez basta. O eso dice Woody Allen.

Todo parece indicar que, tarde o temprano, vamos a morir. A mi, personalmente, esto es algo que me cuesta creer. No puedo imaginar la existencia sin mi. Siempre he existido. Y siempre existiré. Hasta que muera. Eso dicen. Pero nunca me ha pasado a mi personalmente, así que por ahora le doy tanto crédito a esta idea como a que China existe.

La propia muerte es una idea inasumible. Especialmente si eres joven y occidental. Pero, aunque por ahora sea sólo una hipótesis, tiene un gran poder emocional sobre mi. Goza de cierta verisimilitud inasumible. Como la muerte de un ser querido. Siempre he pensado que, si de pronto mi abuela entrara por la puerta como si nada, no me extrañaría en absoluto. Hace tiempo que no la veo. Y fui a su funeral. Pero me parecería lo más normal del mundo que me hiciera la merienda. Esta es mi incomprensión de la muerte.

De todos modos, aunque la muerte quizá sólo sea un mito, he decidido hacer el ejercicio intelectual de tenerla en cuenta para vivir. ¿Qué puede aportar a nuestra vida la idea de nuestra muerte?

Mi primera consideración es que, como decía Woody Allen, hay que “hacerlo bien”. No sé si con esto basta, pero es un despropósito no vivir bien la vida, especialmente si esto no es un ensayo, si sólo tenemos una. Si fuera un ensayo, pues si viviera mal me reencarnaria en pollo de fábrica. De esos que no ven la luz del día. Pero si fuera un buen pollo, a lo mejor luego sería un gato. Y alguna vez, volvería a ser un humano y podría volver a ensayar el arte de vivir.

Pero la vida no es un ensayo y vivir es un arte escénico: el directo no se puede parar, ni repetir. Hay que hacerlo lo mejor posible. Hay que dar la talla.

Por otro lado, si el tiempo es la materia de la que está hecha la vida, y se trata de un tiempo limitado, que no se recupera y que no sabemos lo que va a durar, entonces: hay que vivir bien el tiempo del que disponemos. Y este, a saber, es el presente. Vivir bien el pasado y vivir bien el futuro es posible en cierto modo, es posible desde el presente. Pero esto es un capítulo aparte.

Vivir bien el presente parece ser nuestro fin. Y el presente es ahora. Impepinablemente ahora. No es el fin de semana, ni las vacaciones. Porque hay muchísimos “ahora”. Vivir para el fin de semana es vivir en un: ahora no, ahora no, ahora no, ahora no, ahora no, (por fin!) ahora. No es un buen plan.

Entonces, hay que crear una vida que valga la pena cada día. A poder ser, cada instante. Esto tiene infinitas lecturas. Hay tantas maneras de entender el “vivir bien cada instante” como concepciones del ser humano. Voy a escoger la definición de Marx del hombre como el “ser trabajador” por la cantidad de presente que el trabajo ocupa.

El hombre es el ser que trabaja. Eso es lo que le distingue de las otras especies. Todo el que tenga un gato habrá notado esa diferencia. Pasamos aproximadamente un 30% de nuestra vida trabajando (y otro 30% durmiendo). Así pues, el trabajo no puede ser un pasillo, un lugar de tránsito entre fragmentos de vida.

El tiempo de trabajo es tiempo de vida. Eso del “tiempo libre” como “tiempo de vida” es, como mínimo, una concesión muy grande. La “jornada laboral” es nuestro tiempo, gran parte de nuestro tiempo, de esa colección infinita (hasta que termina) de “ahoras” que es nuestra vida. Por eso creo que es importante no poner el “pause” hasta fichar de nuevo. Buscar la manera de vivir bien nuestro trabajo. Porque la vida es corta, por larga que sea.

Si somos “seres trabajadores”, nuestro trabajo es algo que no debe alienarnos, sino realizar nuestra esencia. Y eso es algo que la crisis actual nos ha hecho olvidar. Si queremos vivir bien, no debemos conformarnos con un trabajo que sea una renuncia a nosotros mismos, que nos cosifique y nos entristezca. No hay que perdernos sino encontrarnos en nuestro trabajo, no hay que renunciar a nuestra naturaleza sino realizarla en nuestro trabajo. Todos tenemos talentos. Todos tenemos mucho que ofrecer al mundo, y nuestra peculiar manera de hacerlo.

Así pues: si como vamos a morir hay que vivir bien la vida, y la vida es el presente, gran parte de nuestro presente es nuestro trabajo y el trabajo es un lugar en el que realizar nuestra esencia, la gran pregunta que cada uno debe hacerse es: “¿cuál es mi esencia?”.

Que cada uno lo resuelva como pueda.

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