Desconfía de los adjetivos (y evitaras discusiones)

Los adjetivos son opiniones que añadimos a los sustantivos, a las cosas.

Si los sustantivos se utilizan para sustituir a las cosas (decimos “la montaña” para no tener que señalar una), hay que tener presente que los adjetivos no designan cosas, designan cualidades que nosotros agregamos a las cosas. Si la montaña es “bonita” o no, eso ya depende de cada uno.

Los sustantivos representan (es decir, se presentan en lugar de) las cosas. Los verbos representan las acciones. Todas éstas son cosas verificables. “El niño lloraba” o bien es cierto, o bien es falso. No está sujeto a la interpretación. Si tres personas estaban ahí, estarán fácilmente de acuerdo en si había un niño y si éste lloraba.

¿Qué pasa si metemos en la frase un adjetivo? “El niño pequeño lloraba”. Aquí estamos ya interpretando. Estamos expresando nuestra visión del mundo. Para un niño de 3 años, un niño de 5 no es pequeño. Para un niño de 8, sí. Volvamos a los testigos: depende de cuáles sean esas tres personas, las mismas que estaban de acuerdo en que había un niño y éste lloraba, no estarán de acuerdo en si el niño es pequeño o no.

Utilizamos adjetivos constantemente como si éstos representaran la realidad. Y no nos damos cuenta de que lo que hacen no es representarla, sino interpretarla: expresan la manera en que cada uno ve la realidad.

Los adjetivos son la cosa más sujetiva del mundo. Y ser consciente de ello nos ayudará a evitar discusiones.

Por ejemplo, si le decimos a alguien que no está siendo “amable”, esto va a llevar a un conflicto, porque estamos haciendo una interpretación y presentándola como si fuera una realidad. Como si estuviéramos diciendo “tengo una piedra en el zapato”. El otro te puede contestar que sí que lo está siendo, y creerlo sinceramente. Y entonces, tú probablemente seguirás molesto porque “no está siendo amable” y el otro también se moleste, por la acusación.

Es mucho más constructivo y eficaz ir a lo concreto: a los nombres y a los verbos. A los hechos y a las cosas. “No me has preguntado cómo estoy”. Esto es un hecho: o bien es cierto o bien es falso. No hay más. Si hubiera testigos (esas tres personas) podrían ponerse de acuerdo en esto. A partir de aquí se puede dialogar.

Si queremos evitar entrar en una guerra de valoraciones, debemos ir a lo concreto, a los hechos. Pruébalo la próxima vez que estés molesto y te sorprenderás de los resultados.

Si queremos ponernos de acuerdo, debemos evitar los adjetivos. O, por lo menos, desconfiar de ellos.

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